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Escrito por: Gonzalo Barrera Gómez
Contador Público UNICIENCIA.
Ingeniero de Sistemas UIS.
Especialista en Planeación Tributaria UNAB.
Especialista en Revisoría Fiscal y Contraloría, REMINGTON.


Entra el docente en su primer día de clase de tributaria y pregunta ¿Quién cree que los impuestos no deberían existir? Veintinueve manos de treinta asistentes se levantan además de la del docente, quien mirándome fijamente me pregunta, ¿A usted le gusta pagar impuestos? A mí no, pero sé que son indispensables, los impuestos no son malos, malos son quienes los administran; en Colombia están al orden del día los escándalos de corrupción a todo nivel; pero los impuestos son necesarios, es como cuando pertenecemos a un club, todos pagamos la cuota de afiliación y de mantenimiento mensual con miras a recibir unos servicios y unos beneficios; por ejemplo, si soy empresario y quiero exportar, no voy yo solo a construir una carretera hasta el puerto de salida de mi mercancía, y así cada empresario que debe exportar construye su propia carretera? Eso no es lógico ni factible, a cambio debe existir una carretera financiada por todos los que la vamos a necesitar, eso es impuesto; si necesito seguridad no voy a conformar mi propio ejército, tendremos uno financiado en común, y un largo etcétera del debido uso e importancia de los impuestos.

El problema con aportar vía impuestos a financiar distintas necesidades del estado – nuestro club -, es que cada vez además de la corrupción creciente, rampante e impune existente, nuestras cuotas -léase impuestos- no son usadas para devolvernos unos servicios de bienestar a quienes aportamos, sino que se entregan en forma de asistencialismo a quienes no aportaron su cuota, ni se esfuerzan, ni quieren llegar algún día a ser aportantes a ese estado que en la actualidad subsidia sus servicios públicos, da educación gratis a todo nivel, alimenta a sus hijos (PAE -comedores comunitarios), les paga por enviar a sus hijos a estudiar (familias en acción), les da vivienda gratis y a lo menos altamente subsidiada, los jubila sin haber aportado nunca (BEPS, Colombia mayor); todo esto y mucho más sin mediar ninguna exigencia a cambio en contraprestación, y todo esto es visto como una obligación por quienes lo reciben todo gratis, y peor aún no lo agradecen sino que llegan a la violencia y al vandalismo si se insinúa algún cambio en este estado de cosas.

En la otra orilla estamos quienes aportamos, reforma tributaria tras reforma tributaria vemos como se incrementa la creatividad de los “expertos” para incrementar el recaudo de impuestos, esto a costa de recargar cada vez más a quienes son fáciles de controlar, es decir a los trabajadores y empresas formales, quienes ven cada vez más como sus ingresos en vez de aumentar y por ende aumentar su bienestar como fruto de su trabajo, se ven mermados en dicho bienestar.

A cambio de cada reforma tributaria me preguntaría yo ¿Se ve mayor bienestar y desarrollo en Colombia? ¿Se estimula el salto social? ¿Se estimula la formalización de las empresas y por ende del empleo?

A alguien que gritaba frente a un edificio que necesitaba una ayuda para comer y que mi “Dios” los bendiga (¿Quién sabe cuál será su dios?), lo interpelé y le dije que porqué más bien no gritaba estoy desempleado, quiero trabajar, yo sé hacer tales labores, por favor denme empleo; a lo cual me respondió que para qué quería trabajar si había personas que le regalaban lo que él necesitaba – ahí vi reflejada Colombia con sus programas asistencialistas –

Me pregunto ¿La reforma tributaria que se está armando en este momento para qué es? Dicen los comentaristas expertos económicos que es la más agresiva que se ha visto hasta ahora ¿Para incrementar la cuota de los socios aportantes y aumentar los beneficios de los no aportantes? O ¿Para qué? ¿En qué incrementa el bienestar de los aportantes al club llamado Colombia? Esa creo yo, es la pregunta que nos deben responder.

¡Y vuelvo y repito los impuestos no son malos, malos son quienes los administran!