Calificación del usuario: 5  / 5

Estrellas activasEstrellas activasEstrellas activasEstrellas activasEstrellas activas
 


Por: Oscar Miguel Martínez Osorio, Ingeniero de Informática y tecnólogo en sistemas

Poder comunicarse con cualquier lugar del mundo en cuestión de segundos, realizar transacciones bancarias sin salir de casa, o simplemente calentar una taza de café oprimiendo un botón, son comodidades que nuestros antepasados considerarían una utopía; estas y muchas cosas más son posibles gracias a la tecnología. Esta se ha convertido en un aliado vital en la vida del ser humano, no hay campo del saber que en la actualidad no dependa directa o indirectamente de la misma.

La tecnología, como parte inherente de la cotidianidad de los habitantes del planeta, no es ajena a los problemas económicos, políticos y sociales del mundo. Una de las complicaciones a la cual está expuesta y principalmente en Colombia es la informalidad; generalmente el público asocia este concepto con ventas ambulantes o estacionarias sobre vía pública, estas son solo dos de sus manifestaciones; informalidad también comprende a todos aquellos negocios o empresas que no se vinculan al comercio legal debido entre otros aspectos a los excesivos trámites, permisos, tarifas e impuestos que la formalidad demanda.

Si bien es cierto que las empresas no constituidas generan empleo directo, la informalidad representa en temas tecnológicos un impedimento para que la Nación sea protagonista en una de las industrias más prometedoras en lo que se puede considerar como una nueva revolución industrial: la tecnología. Este término a diferencia de lo que muchas personas piensan, no hace referencia exclusivamente a aparatos electrónicos, maquinaria, robots, telefonía celular, etc; también incluye el conocimiento y la investigación que conducen a crear equipos o métodos que mejores procesos ya existentes.

El Estado colombiano podría convertir este problema de informalidad en una parte de la solución al desempleo que desde hace más de una década golpea al país, primero a través de incentivos para la formalización, beneficios en impuestos, simplificación de trámites para registro de patentes, entre otros aspectos; permitirían el surgimiento de una industria tecnológica que nos permitiría junto con el agro, convertirnos en una Nación prospera. Lamentable, los últimos gobiernos centrales han subestimado o tal vez obedientes a exigencias externas han evitado que el sector tecnológico crezca, basta solo con revisar la última reforma tributaria en la cual se afecta esta industria.

Otro aspecto que fortalece la informalidad del sector tecnológico, es la educación superior y la formación no formal; en la primera la calidad hace varios años que desapareció, se están formando “profesionales”, para un mercado que da más importancia a un título que a la experticia o al talento de las personas, en cuanto a la segunda el panorama no es nada alentador; basta solo con escuchar en la radio comerciales “hágase técnico en sistemas en tan solo 6 meses”, esto lejos de ser un beneficio se convierte un ingrediente que aumenta la informalidad, ¿basta, para este caso, en tan corto periodo, aprender los conceptos básicos de una línea de la tecnología en constante evolución?, muchos de estos estudiantes que asisten a estos centros  educativos  terminan trabajando en la informalidad formando parte de los ya comunes clasificados “se formatean equipos y se eliminan  virus”.

En la informalidad hay cientos de personas con enormes capacidades, talento y muy buenas ideas que por falta de apoyo estatal, burocracia y de la funesta corrupción,  no han podido aportar su granito de arena en la construcción de una nación próspera y protagonista del desarrollo de la civilización humana.