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Escrito por: Pascual Rueda Forero.
Doctorado: universidad de los Andes de Venezuela, Ciencias contables. (aplazado orden público).
Doctorado: Universidad Internacional Iberoamericana -México. Derecho económico y derecho de la empresa.
Master: Derecho internacional y relaciones exteriores e internacionales. Instituto internacional: Instituto europeo campus Stallae.
Magister: Derecho propiedad intelectual y derecho nuevas. Universidad del rioja (UNIR).
Especialización: Gestión estratégica de mercados Autónoma de Bucaramanga.
Especialización: en Docencia universitaria, Cooperativa de Colombia sede Bucaramanga.
Economista con énfasis en administración: Universidad Santo Tomas Bogotá.
Abogado: Corporación universitaria de ciencia y desarrollo UNICIENCIA.


Es sabido por todos que la pandemia “COVID 19” ha afectado la forma en que trabajamos, producimos y comercializamos nuestros productos o servicios, es decir, tuvimos que reinventar estratégicamente la forma de realizar negocios en diferentes mercados competitivos, también cambiamos los hábitos de esparcimiento, remodelamos algunas de las actividades más fundamentales en nuestro día a día, pues bien, todos estos cambios que estamos haciendo tienen efectos económicos sean positivos o negativos para nuestra economía emergente, más aún, este es un problema global. Desde el brote en diciembre pasado, el coronavirus se ha extendido a más de 200 países y en muchos países el virus ha puesto en jaque a las economías tanto desarrolladas como emergentes, hasta el punto de que se han unido esfuerzos entre los diferentes gobiernos sin tener en cuenta distinciones políticas con el fin de atacar el virus y tratar de minimizar las consecuencias económicas negativas.

Hay dos efectos económicos, el primero los derivados de las medidas de política adoptadas para contener la expansión del virus y el segundo, los derivados del cambio de comportamiento individual. Pues bien, todos somos testigos del impacto que ha tenido la pandemia con relación al desempleo, la reducción de la demanda turística, las artes, etc, o la información sobre cierres de empresas, son claros ejemplos de esta crisis. El gobierno Colombiano ha tratado de tomar medidas, muchas de ellas improvisadas para cubrir los daños que la crisis ha provocado, generando desacuerdos internos en el control de una pandemia con efectos letales para la economía por ejemplo la no regulación del comercio informal en nuestro país la cual representa un porcentaje alto , la corrupción de los entes gubernamentales y la apropiación de los recursos públicos a beneficio propio de los gobernantes son algunos de los males que nos acoge y que por ende tiene efectos negativos para nuestra economía.

Lógicamente, no hay cambio sin inestabilidad, los cambios inesperados para la humanidad producen la racionalidad de recursos para la sostenibilidad económica de los países, por eso, la productividad se ve limitada a los asuntos negóciales con las grandes empresas, y para nadie es un secreto que los países China y E. U, son los grandes distribuidores de materias primas y tecnología. La dependencia de algunos países como el caso Colombino está ligada a la distribución de estas potencias, hoy también se ven afectadas por los escasos recursos para la adquisición de sus productos, hacen que enfrente un panorama similar al vivido por la depresión de 1929-1930 sin poder evitar el incremento incesante de las empresas en bancarrota y el aumento de los niveles de desempleo y pobreza.

Ahora bien, ¿Cómo podemos nosotros los colombianos asumir esta crisis en la que vivimos?

A modo de reflexión, es importante revelar como las circunstancias de tiempo, modo y lugar, dan una lección de que las cosas no pertenecen y mucho menos son seguras, la forma de percibir la vida siempre está en el momento y hay que aprender a aprender a vivir y compartir con nuestros semejantes y servir sin ningún condicionamiento, por tal razón, debemos unirnos de manera sinérgica para adelantar proyectos innovadores que ayuden a generar valor para la sociedad, a fortalecer y proteger lo que tenemos, ese mínimo esfuerzo ayuda a mejorar nuestra economía, de lo contrario solo vemos un panorama incierto para las futuras generaciones.