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Escrito por: Monseñor Primitivo Sierra Cano.
Ex Rector, Universidad Pontificia Bolivariana Seccional Bucaramanga.


El Papa Juan XXIII, cuando dio inicio al Concilio Vaticano II, pronunció una frase que hoy nos sirve para iluminar la situación que vive la humanidad: “hay que aprender a leer los signos de los tiempos”.

Leer los signos de los tiempos, significa mirar los acontecimientos humanos y naturales, desde la fe, sabiendo que en cada acontecimiento hay una lección para toda persona, hay un aprendizaje y hay un reto qué hay que asumir.

Los avances de la ciencia, la tecnología, los medios de comunicación, los abusos contra la tierra, “nuestra casa común “ llevaron al hombre a construir una sociedad injusta, materialista y egoísta.

Hoy solo cuenta el poder económico, político, la carrera armamentista y nuclear. Nos hemos quedado con los dioses del dinero, el deporte, la farándula y el bienestar material en manos de unos pocos .Nos hemos olvidado de Dios, de la naturaleza, de los pobres, los débiles e indefensos.

La pandemia que hoy azota a toda la humanidad, sin excepción de raza, lengua, cultura y credo , nos recuerda que todos sin excepción somos: humanos, frágiles, vulnerables y mortales. Aquí se cumple el evangelio: “ de que le sirve al hombre ganar el mudo entero”, si se pierden los valores, la justicia y el respeto por la persona que es valiosa y preciosa a los ojos de Dios.

El papa Francisco nos recordó en días pasados, que todos “vamos en la misma barca, que una tormenta nos sorprendió a todos”. Hoy tenemos miedo, angustia, temor e incertidumbre frente al futuro, y es natural porque somos humanos.

Estamos hechos de materia terrestre, como lo recuerda el libro del Génesis, pero también llevamos dentro de nosotros el soplo vital que viene de Dios. Ese soplo vital, nos hace imagen de Dios, nos hace capaces de cuidar y respetar a todas las criaturas y a nutrir de amor, ternura y solidaridad a los más débiles e indefensos. La lucha es de todos. De aquí tenemos que salir más fortalecidos, más unidos, más humanos, mejores personas y mejores cristianos.