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Escrito por: Guillermo Emilio Valencia Pineda.
Contador Público Uniciencista.
Tecnólogo en Contabilidad y Finanzas.


Desde finales del siglo XX con la aceptación del capitalismo como ideología en la mayoría de países, el mundo se ha acercado cada vez más a la homogenización y estandarización, un proceso que llamamos globalización. Con la aparición del SARS-CoV-2 y su declaración como pandemia por la OMS ¿Puede verse afectada esta fase que parecía imparable? ¿Podría una amenaza microscópica ser la que retraiga este desarrollo?

No es el primer enemigo al que se ha enfrentado la globalización, muchos líderes políticos trataron de cerrarse a este proceso para “proteger” la economía local, pero fueron poco a poco silenciados debido a los beneficios en generación de empleos por parte de empresas multinacionales, inyección de capitales extranjeros, tecnología e intercambio de conocimiento y buenas prácticas que entre otros han permitido el desarrollo acelerado de los países que lo implementan.

La llegada de Donald Trump y su nacionalismo a la presidencia de los Estados Unidos de América, hizo creer que el mundo empezaría a retroceder en este ámbito, entonces resulta curioso que él y otros mandatarios como Boris Johnson en Inglaterra y Jair Bolsonaro en Brasil sean los más reacios a tomar medidas necesarias para la contención y prevención de la COVID-19 que van en contra del proceso de globalización. ¿Qué impulsa a estos mandatarios de corte nacionalista a negarse o resistirse por ejemplo al cierre de aeropuertos si han sido el mayor foco de propagación? Muchas aerolíneas debido a las condiciones de mercado y competencia agresiva creciente, permanecen en un riesgo constante de quiebra, con esta pandemia muchos gobiernos se verán en la obligación de “lanzarles un salvavidas” y de paso a todo el sector turismo, lo que significa un impacto nada fácil de ignorar en las finanzas, así como la inyección de recursos que no se tenían presupuestados en el sector de la salud o en ayudas para los más vulnerables.

El distanciamiento social que obliga al cierre de comercios, industrias, al encierro total o parcial de la población incluso mediante el uso de fuerzas militares, tampoco es algo muy popular, pero sí efectivo que varios países democráticos en conjunto con campañas de concientización ya han empezado a implementar, aunque ello signifique un recorte importante en la percepción de los ingresos. ¿Acaso les resulta atractivo ir en contra de la posición que adopta la mayor parte del mundo de priorizar la salud de sus ciudadanos sobre los resultados económicos? ¿Desconocen que la prevención y mitigación sale más económica en términos de vidas humanas o incluso monetarios? ¿Puede deberse a ambiciones reeleccionistas? ¿A un tema de egos que les impide reconocer que la causa de tantos problemas sea de dimensiones microscópicas y no sus opositores? ¿O podría ser un error en la cadena de información? Cuando recién inició la pandemia leí a una profesional de la salud que describía el SARS-Cov-2 como “una gripita fuerte que sólo afecta a la población de mayor edad” y es lo mismo que repitieron muchos dirigentes pero que ahora veo reflexivos y aunque tarde, dando un viraje en el manejo de la pandemia pues pronto serán evaluados por sus dirigidos. Pero no serán los únicos, pues ya algunos no tienen duda en afirmar que la COVID-19 se propagó fácilmente gracias a las libertades de transitar entre un país y otro culpando a la globalización, al parecer esto les resulta mucho más llamativo que la tasa de contagio (R0) del virus sea entre 1,4 a 2,5 e incluso afirman en que es hora de anteponer el interés nacional sobre el global, pues la escasez de tapabocas, gel antibacterial, alcohol o respiradores desencadenó una carrera frenética de los países por lograr su autoabastecimiento. Pero no puedo evitar preguntarme ¿Qué habría pasado de haber sido más unidos a nivel global? Y ¿Si hubiéramos tenido una sola directriz para atender esta emergencia?

No me gusta especular sobre lo que pasará en adelante, aunque percibo mucha ilusión en regresar a las condiciones y libertades que quizá no habíamos valorado hasta ahora, es importante reflexionar y evaluar nuestros hábitos de consumo, la interacción social, nuestra solidaridad, la manera de relacionarnos con el medio ambiente y el papel que cada uno cumplimos sin importar nuestra nacionalidad, raza, clase económica o género, sólo así obtendríamos una ganancia entre tanta pérdida.