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Escrito por: Mario José Guatibonza Carreño.
Coronel Retirado de la Policía, Especialización en seguridad ciudadana.
Abogado Uniciencista.
Administrador de empresas.
Presidente de Acorpol Santander, Coordinador de Casur en Santander.


El mundo está paralizado y en vilo por el COVID -19, su rápido contagio y la no existencia de un tratamiento efectivo, ni vacuna, en pocos días tenemos millones de contagiados, miles de víctimas mortales, una sociedad confinada, países aislados, eventos de toda clase suspendidos, el engranaje social y económico sacudido y tambaleando, las bolsas desestabilizadas y una incertidumbre que nos ronda permanentemente, ¿cuánto tiempo durará? No lo sabemos.

De un día para otro nos dimos cuenta de lo frágiles, mortales e impotentes que somos y lo significativo que es el sentido de la vida y el futuro. Hoy estamos viviendo arduos momentos afrontando la mayor amenaza que haya tenido la humanidad recientemente con la aparición del COVID -19, un enemigo silencioso e invisible, caracterizado por la OMS como una pandemia por sus niveles de expansión y gravedad. El virus nos tiene acorralados y está cobrando las vidas de miles de personas, lo que nos obliga a tener cuidado y disciplina acatando las medidas impuestas por las autoridades. Ante esta pandemia lo único que tenemos que hacer es: prevención, preparación y solidaridad. Es así como todos tenemos la responsabilidad y el deber de protegernos para proteger a los demás. Son tiempos de grandes desafíos que necesitan soluciones rigurosas e innovadoras. La naturaleza nos está dando una gran lección.

El COVID -19 deja a hoy 20 de abril más de 2.000.000 de personas contagiadas y 168.906 muertes en 192 países del mundo, siendo los más afectados EE. UU, Italia, España, Alemania, China, Francia, Irán, Reino Unido, Suiza y Turquía. En América Latina: Brasil, Chile, Ecuador, Panamá, Argentina, Perú, República Dominicana, México, Argentina y Colombia que cuenta actualmente con 3.977 casos de contagio y 189 fallecidos. Estos números nos dan idea de la dimensión que ha alcanzado esta pandemia en el mundo y el desasosiego que existe sobre el grado de extensión de la infección, su letalidad y la alta capacidad del virus de ser esparcido por el elevado porcentaje de casos asintomáticos quienes, al no presentar un cuadro clínico evidente, se vuelven peligrosos vectores de transmisión.

La humanidad no estaba preparada a pesar de haber sido pronosticado, Bill Gates, hace cinco años predijo que un virus peligroso pondría de rodillas al mundo. La preocupación desde entonces ha sido por el poder económico dejando de lado la vida, la salud, el calentamiento global y el medio ambiente el cual está cada día más deteriorado. Se habla que en el 2050 no habrá agua potable y las guerras serán por este preciado líquido que hoy no cuidamos. Solo veamos el caso de multinacionales que pretenden explotar oro en el Páramo de Santurbán que surte de agua a los Santanderes. Si dejamos que esto suceda, en poco tiempo obtener agua potable será como lo estamos viviendo en estos momentos al intentar obtener alcohol o gel antibacterial. Sencillamente no sé consiguen en ninguna parte o si sí, a un costo muy elevado. Tenemos que defender nuestros recursos naturales y no permitir que famélicos de dinero acaben con lo más preciado que tenemos que es el agua para poder vivir. Tenemos que escoger oro o vida.

Hay personas que no toman en serio la principal medida que es el aislamiento y el “quedarse en casa”. Si no prevenimos con esta medida que es la única que hay por el momento, lo peor no será el virus, sino el colapso de nuestra red hospitalaria de la misma manera que ha ocurrido en otros países donde diariamente mueren más de cientos de personas a causa de este virus. ¿Si nuestra red hospitalaria que es bastante deficiente no da abasto para atender los casos del día a día, se imaginan cómo será con el aumento de contagiados? Yo no lo puedo ni imaginar. Si no empujamos para el mismo lado estamos perdidos, es un momento de gran responsabilidad con el país en medio de esta gran crisis de la historia moderna.

En los países más afectados los hospitales empiezan a admitir que se encuentran al límite y han colapsado. Basta ver esas imágenes dantescas de hospitales llenos de enfermos infectados con el coronavirus con sus tanques de oxígeno en los pasillos; otros que aguardan con resignación a que un médico los atienda; cadáveres botados en las calles; otros transportados en camiones y depositados en fosas comunes, sin que sus familiares puedan hacer el duelo y acompañamiento final. Lo peor está por llegar dados los hospitales saturados y la falta de material sanitario. Seguramente irán aumentando los contagiados si no acatamos las medidas que todos conocemos con disciplina y responsabilidad.

El control del coronavirus está en nuestras manos, todos hacemos parte de la solución, el COVID-19 sigue avanzando sin distinguir clase social, raza o geografía. Absolutamente nadie está exento de ser contagiado. El aislamiento es la única forma de combatir el coronavirus. Muchos están preocupados porque ven mermados sus dividendos y ganancias, la preocupación debería ser porque haya en los hospitales camas disponibles y unidades de cuidados intensivos para ser atendidos.

Para rematar y como dice el refrán “tras de cotudos con paperas” según denuncian la Procuraduría, la Contraloría y la Fiscalía: “Increíble y repudiable que los corruptos estén aprovechando esta emergencia para robarse la plata de los contratos de las compras de elementos urgentes y comida por parte del Estado. Hay sobrecostos en compras millonarios”. Definitivamente el virus de la corrupción sigue campeando a lo largo y ancho del país y al acecho de nuestros recursos públicos. Pobre Colombia.

A partir de esta crisis global son varias las lecciones que la pandemia del coronavirus le deja a la humanidad. La psicóloga italiana Francesca Morelli dice “La única forma de salir es la reciprocidad, el sentido de pertenencia, la comunidad, el sentimiento de ser parte de algo más grande que nos cuida y que también nosotros debemos cuidar. La responsabilidad compartida, la sensación de que el destino depende no sólo del propio, sino también del destino de todos los que nos rodean. Porque con el cosmos y sus leyes, obviamente, estamos muy endeudados.” Igualmente, David Fernández Dávalos, Rector de la Universidad Iberoamericana de México, mencionó que “si hoy no reflexionamos sobre qué cambios necesita el mundo y nuestras relaciones, nunca podremos hacerlo; esta es la ocasión. Y es la ocasión también para plantearnos qué tipo de modelo, qué tipo de sociedad, qué tipo de relaciones justas podemos tener entre nosotros, entre nosotras, con la naturaleza y con Dios”.

Lo único cierto es que no todo seguirá siendo como hasta ahora, este hecho está cambiando y cambiará el mundo. Cambiarán las relaciones personales y sociales, tendremos que modificar nuestras costumbres, todo será diferente. Cambiará nuestra forma de pensar, sentir y actuar. Será una gran lección de vida para analizar nuestra actitud frente al planeta Tierra. Tendremos que repensar un mundo justo e incluyente, una sociedad verdaderamente solidaria con los más vulnerables, darle a la salud la importancia que requiere, al cambio climático, la protección de los recursos naturales, la investigación científica, dejar el individualismo y orientar la política hacia intereses generales, con nuevos liderazgos políticos. De lo contrario el futuro será inviable para las nuevas generaciones por venir. Esta pandemia nos está enseñando que nada tenemos asegurado. En estos tiempos de confinamiento y estado de emergencia tenemos que darnos cuenta que la verdadera riqueza que nos debe importar es la salud y aquellas enseñanzas que nos permitan afrontar los tiempos que vienen y reconstruirnos como sociedad. Es una cuarentena de la que indudablemente vamos a salir diferentes de como entramos.

Intentemos preguntarnos diariamente ¿Qué hice hoy por mi país y por los demás? y así estaremos haciendo también por nosotros. Que Dios nos bendiga y nos proteja.