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Escrito por: Ángela Cecilia Rodríguez Rueda.
Magister en Derecho con énfasis en Derecho Administrativo.
Especialista en Derecho Constitucional.
Abogada Cum Laude – USTA.
Ex docente Uniciencista.


La pandemia que hoy nos afecta es ese malestar que ha trastocado un cambio drástico e inesperado en el comportamiento humano, social y comunitario; proceder que busca barreras para resguardarse de su contagio sin fronteras.

Esta epidemia amenaza y obliga a todos los países del mundo a pensar y actuar con rapidez la defensa de la vida como valor supremo, a detenernos en un nuevo paradigma: - crecimiento no global, regionalismo, independencia entre las naciones, alianzas internas, límites geográficos cercanos, producción interna y consumo local, reagrupación familiar, creatividad, innovación e impulso de nuevos talentos; un verdadero respeto por la independencia y progreso de cada nación, sin invadir la órbita de su autonomía; es decir, un verdadero libre desarrollo de los pueblos.

La pandemia y la desglobalización nos exigen mostrar de qué estamos hechos, es menester cuidarnos para cuidar a los demás, ejercer la solidaridad y ayuda mutua, ser sensibles para volver a lo cercano, a valorar más lo nuestro, a confiar en nosotros mismos, a disfrutar de nuestro entorno y de lo natural de nuestra raza, localidad o región; concebir sin egoísmo que nos necesitamos cerca pero no tan lejos, que el disfrute de los bienes es mejor cuando los compartimos y que volver a casa, es volver a lo nuestro encuentro; sin eximirnos de ser solidarios con lo global, ni de la incertidumbre, entender que: ¡Tan cerca lo tenemos todo y tan lejos queremos estar!

Así mismo, genera un cambio sustancial y brusco a la convivencia, a la libre locomoción o circulación de personas, sus hábitos individuales y grupales, costumbres y sentimientos tales como: angustia, incertidumbre, esperanza y caridad; es decir, un cambio en el comportamiento individual y social de las personas y comunidades.

Respecto a este cambio me permito citar artículo publicado en unperiodico.unal.edu.co de la Universidad Nacional de Colombia que nos ilustra con el siguiente contenido:

“La especie humana es semigregaria, lo cual determina rasgos de su comportamiento y variabilidad psicológica, y por eso los individuos sienten la necesidad de compartir y hacer algunas actividades en grupo” y esto es más evidente cuando se ven obligados a quedarse en casa durante mucho tiempo.

El psicólogo Cárdenas, miembro de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, indica además que en las culturas donde el contacto es muy estrecho, como en la India o en Italia, ha sido mucho más difícil. En Colombia el comportamiento social va a empezar a cambiar a medida que pase el tiempo y el efecto de quedarse en casa se refleje en la curva de contagio.”

El cambio de costumbres que pueden ser temporales tales como festejar en grupo, dar la mano, saludar de besos y abrazos posiblemente cambiaran a lo virtual, bastará con un gesto o seña que nos indique el afecto hacia los demás; pero posiblemente más unidos, sensibles, comprometidos con nuestro bienestar; así mismo, la esperanza de cambiar para mejor ¡ojalá sea permanente!

Cualquier parecido con los efectos sociales de la pandemia respecto del comportamiento personal y grupal, es pura coincidencia.